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  De vez en cuando, sin buscarlo, te encuentras un banco en tu camino, un banco que te invita a sentarte y contemplar el paisaje o a la gente que pasa, a sentir el silencio, el canto de los pájaros o el rumor que se extiende desde el pueblo o la ciudad. Bancos de toda clase, improvisados con dos troncos y dos piedras; más elaborados, aunque todavía muy artesanales, hechos con tablones y sujetos con clavos; también están los típicos bancos de madera y hierro de parques y jardines... y todos ellos resistiendo el sol, la lluvia y el paso del tiempo, acogiendo a quienes valoran que son un lugar ideal para hacer una pausa. A veces te sorprende dónde está situado el banco: lugares solitarios, por donde pasa poca gente y donde las hierbas del bosque trepan hasta el asiento haciéndolo un poco suyo también; cimas o acantilados que te ofrecen unas vistas maravillosas y que te hacen preguntarte: ¿Quién lo puso aquí? ¿La persona que lo hizo venía a sentarse y contemplar el paisaje?, ¿a pen...
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Celebramos el cumpleaños, el día que nacimos, cerrando un año más vivido y abriendo otro con los días para estrenar. Sabemos lo que hemos vivido hasta el día de hoy, pero nadie sabe con certeza que se encontrará en el año que comienza. Somos frágiles y todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Celebrar la vida, el ahora y aquí, el camino recorrido y lo qué nos queda por recorrer. La vida no es más que esto, un camino que se va haciendo poco a poco, con un punto de partida al nacer y un punto final cuando mueres.  Caminos que vas trazando a cada paso y decisión que tomas, puedes equivocarte en un cruce y  encontrarte en un lugar al cual preferirías no haber llegado, y puede costarte penas y trabajos reencontrar el camino amable que te lleve a lugares más confortables. Puedes perderte y necesitar el apoyo de personas amigas y cercanas para ayudarte a encontrar tu camino. También podemos recorrer caminos tranquilos, sin demasiadas complicaciones, o subir senderos que no...
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  Las golondrinas empiezan a juntarse, se encuentran de buena mañana y al atardecer, cantando alegremente y haciendo vuelos sin parar, excitadas ante la gran aventura de volver a sus lugares africanos, un viaje de miles de kilómetros, atravesando el mar y desiertos. Todos los animales nos movemos según el ritmo de las estaciones, el ritmo de la natura..., incluidos nosotros, los humanos, nos marcamos el ritmo vital y profesional conforme las estaciones, así el verano es una temporada de pausa, de haraganear, de hacer la siesta, de esconderse del fuerte calor o de las tormentas de verano, de desplazarse a otros territorios en busca de la frescura, de la aventura o del exotismo. En verano se pierde el sentido de los días y de las horas, es igual que sea miércoles o sábado, no hay un horario más allá del que marca el día y la noche, o el de quedar para compartir una comida, tomar algo, o dar un paseo. Es un tiempo que nos induce a la contemplación de nuestro entorno, y este año...
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  Hay un montón de situaciones que me llevan a pensar en lo absurdo o incoherente del mundo que hemos construido, y no hablo de las guerras ni de los líderes narcisistas y supremacistas que gobiernan el mundo, de la incitación al consumo sin medida de objetos que no necesitamos, o de la riqueza sin sentido e insultante de unas pocas personas. Más bien hablo de cosas más cercanas que te encuentras de repente. Me impresiona descubrir pueblos o masías que en algún momento fueron grandes, sólidos y llenos de vida, totalmente abandonados y en un completo estado de ruina. Caminas por sus calles solitarias y silenciosas, y vas viendo a ambos lados las casas, algunas con las puertas de entrada todavía abiertas de par en par, invitándote a entrar y echar un vistazo a lo que habían sido. A veces puedes encontrar zapatos, ropa, utensilios de cocina, juguetes y herramientas de trabajo oxidadas, mesas de comedor con un plato y una cuchara como si esperasen la comida y que alguien las utilice....
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  Ha de haber algo extrañamente sagrado en la sal: es en nuestras lágrimas y en el mar. (Gibran Jalil Gibran) Hay pequeñas cosas que nos acompañan silenciosamente y sin grandes aspavientos, como la sal, cotidiana, práctica, y a veces cuestionada o etiquetada como no saludable, pero con una larga historia. Cuando entras en una salina tienes la sensación de entrar en una tierra cuadriculada en la cual se realizan procesos mágicos y silenciosos. EL agua entra del mar, si nos encontramos a la costa, o de alguna misteriosa surgencia de agua salada en tierra adentro. El agua pasa de un estanque a otro aumentando poco a poco su salinidad. EL agua se pierde, se evapora en el aire o se filtra en la tierra, y al final nos encontramos las cuadrículas llenas de cristales de sal, unos muy finos en la superficie, la preciada flor de sal, que se recoge con mucha delicadeza, y otros más gruesos, que se van acumulando en el fondo de las balsas. Ante nuestra mirada se desarroll...
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  Los Castillos ejercen una poderosa atracción, no importa si tan solo quedan 4 paredes o permanece inalterable. Bien situados, altivos vigilantes silenciosos del territorio, siendo refugio y defensa. Controlando su entorno y la población. Junto a su función militar, los Castillos eran un símbolo de poder. Cada Castillo, por más pequeño que sea, guarda muchas vidas no explicadas entre sus paredes, e historias y leyendas que nos llegan hasta nuestros días. Historias de luchas contra las invasiones de bárbaros, moros o contra otros nobles y señores que querían las tierras y riquezas del Castillo; también historias de amores imposibles y de matrimonios de conveniencia para ampliar las posesiones y salvaguardar los linajes, y por supuesto nos llegan las voces de la población sumisa y explotada por los amos del castillo. A su alrededor las leyendas también han crecido confiriéndoles un aire mágico. Dragones de siete cabezas que habitan el Castillo; brujas que salen por la noche y ...
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  Cuando caminas por las ciudades, a menudo te encuentras con mujeres que pasean su soledad por las calles. Mujeres que han cuidado de hijos, de la familia... que han tenido personas que han amado, y que, por qué la vida es así, se encuentran solas en algún momento de su camino. Es entonces cuando los recuerdos llenan su espíritu y yo, cuando las miro, pienso en ellas... Cuchichea ella, siempre que va sola y se pierde por las calles de la ciudad, cuchichea palabras que cuentan historias vividas recientes y pasadas, rodeándose de personas queridas y sonrisas compartidas. Cuchichea ella, y da vida a recuerdos de la infancia donde las risas y los juegos eran disfrutar de cada día.   Cuchichea ella, ahora que es mayor, ahora que va sola, llenando su soledad con su dulce y alegre Cuchicheo...   Imagen: Fotografía intervenida de Francesc Ventura. Muy agradecida por su generosidad al permitirme utilizarla para ese relato.