Ha de haber algo extrañamente sagrado en la sal:

es en nuestras lágrimas y en el mar.

(Gibran Jalil Gibran)

Hay pequeñas cosas que nos acompañan silenciosamente y sin grandes aspavientos, como la sal, cotidiana, práctica, y a veces cuestionada o etiquetada como no saludable, pero con una larga historia.

Cuando entras en una salina tienes la sensación de entrar en una tierra cuadriculada en la cual se realizan procesos mágicos y silenciosos. EL agua entra del mar, si nos encontramos a la costa, o de alguna misteriosa surgencia de agua salada en tierra adentro. El agua pasa de un estanque a otro aumentando poco a poco su salinidad. EL agua se pierde, se evapora en el aire o se filtra en la tierra, y al final nos encontramos las cuadrículas llenas de cristales de sal, unos muy finos en la superficie, la preciada flor de sal, que se recoge con mucha delicadeza, y otros más gruesos, que se van acumulando en el fondo de las balsas. Ante nuestra mirada se desarrolla un proceso de alquimista en el cual se transforma un elemento líquido, desvelando la esencia de las cosas, y ofreciéndonos unos pequeños cristales de sal.

También, deambulando por este mundo tan grande y tan pequeño en que vivimos, he tenido la oportunidad de adentrarme en salares sin fin, como el Salar de Uyuni, que te hablan de antiguos mares o lagos que se quedaron atrapados en medio de montañas y que se acabaron secando a lo largo de siglos, dejando unos depósitos de sal que piensas inacabables. Paisajes de tierra blanca y espejismos cristalinos, calor o frío extremos, donde la vida es difícil y convierte cada dia en un reto. A pesar deestas condiciones, algunas plantas y algunos animales se han adaptado para vivir, y algunas poblaciones, con penas y trabajos, han explotado y trabajan la sal para comerciar.

La sal nos ha acompañado desde siglos remotos, se han trazado vías comerciales en todos los continentes para hacerla llegar donde no había. Hoy en día la sal ya no es moneda de cambio, ni tiene un valor equivalente al oro o a las esmeraldas, pero sí que continúa impregnando, además de nuestras comidas, muchas creencias, rituales y simbolismos. Desde el esoterismo y el mundo mágico, la sal se utiliza en rituales dado qué se considera un elemento que absorbe la energía, purifica y protege de las energías negativas y atrae la estabilidad y la prosperidad.

Los rituales, presentes en todas las culturas, ayudan a dar significado, crear comunidad, gestionar emociones y transitar cambios. Son una manera de hacer visible el que es invisible, de transcender la fragilidad humana intermediando aquello que es mágico. A la sal le damos este punto de mágico y sagrado en todos estos rituales y supersticiones que rodean su uso. Quizás sí que hay algo extrañamente sagrado en la sal.

Laura M
Salinas de la Concepción - Menorca

 

 Imagen; Jaume Balanyà


 

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