Ha de haber algo extrañamente sagrado en la sal: es en nuestras lágrimas y en el mar. (Gibran Jalil Gibran) Hay pequeñas cosas que nos acompañan silenciosamente y sin grandes aspavientos, como la sal, cotidiana, práctica, y a veces cuestionada o etiquetada como no saludable, pero con una larga historia. Cuando entras en una salina tienes la sensación de entrar en una tierra cuadriculada en la cual se realizan procesos mágicos y silenciosos. EL agua entra del mar, si nos encontramos a la costa, o de alguna misteriosa surgencia de agua salada en tierra adentro. El agua pasa de un estanque a otro aumentando poco a poco su salinidad. EL agua se pierde, se evapora en el aire o se filtra en la tierra, y al final nos encontramos las cuadrículas llenas de cristales de sal, unos muy finos en la superficie, la preciada flor de sal, que se recoge con mucha delicadeza, y otros más gruesos, que se van acumulando en el fondo de las balsas. Ante nuestra mirada se desarroll...