De vez en cuando, sin buscarlo, te encuentras un banco en tu camino, un banco que te invita a sentarte y contemplar el paisaje o a la gente que pasa, a sentir el silencio, el canto de los pájaros o el rumor que se extiende desde el pueblo o la ciudad. Bancos de toda clase, improvisados con dos troncos y dos piedras; más elaborados, aunque todavía muy artesanales, hechos con tablones y sujetos con clavos; también están los típicos bancos de madera y hierro de parques y jardines... y todos ellos resistiendo el sol, la lluvia y el paso del tiempo, acogiendo a quienes valoran que son un lugar ideal para hacer una pausa. A veces te sorprende dónde está situado el banco: lugares solitarios, por donde pasa poca gente y donde las hierbas del bosque trepan hasta el asiento haciéndolo un poco suyo también; cimas o acantilados que te ofrecen unas vistas maravillosas y que te hacen preguntarte: ¿Quién lo puso aquí? ¿La persona que lo hizo venía a sentarse y contemplar el paisaje?, ¿a pen...