Los Castillos ejercen una poderosa atracción, no importa si tan solo quedan 4 paredes o permanece inalterable. Bien situados, altivos vigilantes silenciosos del territorio, siendo refugio y defensa. Controlando su entorno y la población. Junto a su función militar, los Castillos eran un símbolo de poder.

Cada Castillo, por más pequeño que sea, guarda muchas vidas no explicadas entre sus paredes, e historias y leyendas que nos llegan hasta nuestros días.

Historias de luchas contra las invasiones de bárbaros, moros o contra otros nobles y señores que querían las tierras y riquezas del Castillo; también historias de amores imposibles y de matrimonios de conveniencia para ampliar las posesiones y salvaguardar los linajes, y por supuesto nos llegan las voces de la población sumisa y explotada por los amos del castillo.

A su alrededor las leyendas también han crecido confiriéndoles un aire mágico. Dragones de siete cabezas que habitan el Castillo; brujas que salen por la noche y lanzan hechizos, o convocan los espíritus; princesas encerradas en torres por padres posesivos, o regaladas como premio a caballeros; prisioneros misteriosos que mueren en las mazmorras; pozos de agua que nunca se han secado; fantasmas de señores condenados a vagar in aeternum por los crímenes cometidos y que te los puedes encontrar en los pasillos oscuros del Castillo; túneles misteriosos que facilitaban la entrada y la salida del Castillo sin ser vistos…. Castillos que resuman misterios, heroicidades y pasiones.

El Castell de las Sitges, de estilo románico y gótico, en el municipio de Torrefeta y Florejacs, en la Segarra, domina el valle desde su situación privilegiada desde el siglo XI. El Castell es protagonista, en la alta edad media, de las luchas de los cristianos en su lento avanzar hacia las tierras de la Hispania musulmana. Formaba parte de la frontera de la marca hispánica y se comunicaba con otros castillos próximos con señales de humo desde su torre de defensa, para alertar de posibles ataques.

Varias generaciones y linajes han vivido entre sus paredes, el territorio se mantiene agrícola y en la primavera se convierte en un mar de cereal, que continúa dando sus frutos al campesinado de la zona. El Castell de les Sitges, en castellano el Castillo de los Silos, se llama así por qué a su entorno había unos grandes silos para guardar cereal.

 Cuando he visitado el castillo, no me he encontrado ningún fantasma, pero sí un lugar donde las paredes te hablan de tantos siglos pasados, unos violentos e inquietantes, otros más tranquilos y de bonanza, de trabajo en el campo y de una tierra que es fértil y generosa.

LauraM

Castell de les sitges, Torrefeta y Florejacs, La Segarra, Cataluña

 

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